Intervalo para un a-escucha diferente

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Para un a-escucha diferente

 

“No hay manera de salir de nuestras onomatopeyas originales.  Hay pues, que entrar en ellas…” (Francis Ponge)

 

Desde los inicios de la vida, el mito, hasta sus últimos segundos…

Desde el primer llanto que reclama un nombre – el caos naciente y los incansables gemidos vivientes –  hasta el último suspiro, estamos a la escucha.  ¿A la escucha de que?  Uno podría fácilmente arriesgar: sonidos, silencios, música, voces, palabras de aliento, una voz familiar, y tantas otras cosas…

Jean Luc Nancy en su libro “A la escucha” se aventura un poco mas y se interroga ¿Será la escucha misma sonora?

Allí es donde pone en el banquillo a los suyos y a los otros; y lee con odio, como dirá Lacan de su obra, para interrogar la ortodoxia de las ciencias humanas.  Oximoron que ensordece hasta el más agudo interprete.

Su obra esta compuesta por 2 actos, un interludio de música muda y una resolución majestuosa.

A partir de un concierto orquestado y monocorde este filósofo francés se mece entre la sonoridad de la imagen y la figura del sonido.  Depura los ruidos y acaricia los silencios, siempre confrontando lo imposible en el horizonte.

Inicia su (es)canción con el acorde-verbo francés entendre formado por la triada oír, escuchar y entender.  A partir de allí la sonata en sus letras pretende de manera intempestiva arrebatar la forma, darle una nueva amplitud, espesor y vibración a nuestra lectura.  El autor construye un nuevo espacio donde se propaga el sonido, ese sonido que va dejando una marca; que suena y a su vez es resonancia; que aparece y se desvanece en su presencia.

En-causa el acontecimientos sonoro para hacerlo presencia y aprovechar el ataque que este comporta; ataque de carácter sorpresivo y espabilador.

Aquel que se deje llevar por la lectura sabrá de lo que aquí se habla.

Nancy le da eco a nuestros cuerpos desde el vientre, caverna donde comenzamos y quizás terminamos por escuchar.

Evoca, llama (appel) y empuja desde el silencio, entendiendo este último como una disposición de resonancia, hacia el sentido y el corte.

Invita a recorrer el silencio del sentido, a cortar el mensaje – y poder decir algo de eso que es-canción! –  a través de un sendero de palabras y de órganos.  A partir de un cuerpo hecho de esas mismas palabras pero también de otra cosa.

Su propuesta es que nos escuchemos en nuestra piel tensa que reposa sobre una camara de eco. Superficie que el otro golpea o puntúa, haciendo que (re)sonemos según nuestro timbre, siguiendo nuestro ritmo y marcando nuestro acento.

La mayoría de las veces, como seres que somos, escuchamos un discurso emitido por alguien; un signo; un silencio dejado por algo; o bien escuchamos musica.  Pero realmente qué significa “estar a la escucha”.

Jean Luc Nancy nos ofrece una multivocidad hecha reflexion:

Estar a la escucha es “estar tendido hacia un sentido posible, no inmediatamente accesible.”. Transitar el camino donde el sonido y el sentido se mezclan.  Ahí donde “resuenan uno en otro o uno por otro”.  Tender a la escucha es “siempre estar a orillas del sentido o en un sentido de borde y extremidad”.  Espiar para encontrarse en el desencuentro entre el logos y el sentido, y de este modo delimitar topográficamente ese lugar propio y ajeno.  Lo intimo y lo exterior, lo propio y lo ajeno, lo éxtimo.  Por este sendero nos abrimos al orden del sonido y el silencio que se encuentra en constante movimiento.  Mundo que pasa, vuelve, se extiende y nos penetra de afuera hacia adentro y de adentro hacia fuera.  En síntesis el acto de oír va más allá de la coherencia de la cadena verbal, para ubicarnos en otro registro, el de la vibración.

Jean Luc Nancy plantea que prestándose a la escucha uno puede acceder al si mismo, pero no como cotidianamente se comprende, sino de una forma novedosa.  Es un “estar al acecho de un sujeto.”  Un sujeto que se emite y se envía de alguna manera en si mismo.  Un sujeto diapasón que en palabras de Nancy seria “la forma, la estructura y el movimiento de una remisión infinita porque remite a aquello que no es nada fuera de la remisión.”  Y que en consonancia con Schelling[1] lo definiríamos como un sujeto involucrado en el arte de los verbos.

Finalizando ya su obra, este escritor juega astutamente con el decir, la escucha, la escritura y la música.  A partir de una cita de Francis Ponge* nos habla de la dicción como aquel “eco del texto en el cual éste se hace y se escribe, se abre a su propio sentido, así como a la pluralidad de sentidos posibles.” La dicción es la propia escucha, la archimusica de aquello que se escribe, que se lee, que se toca y se dice.  Pero también de aquello que no esta dicho o ya codificado.  Aquí el autor rompe nuevamente la relación significante para ir mas allá diciendo “Quizás no escuchemos jamás otra cosa que lo no codificado. Lo que no esta aun encuadrado en un sistema de remisiones significantes, y no entendamos sino lo ya codificado que decodificamos.”

En la dicción se trata de la unión y diferenciación de dos cosas: ritmo y timbre.  Elementos que configuran y perfilan la constitución matricial de la resonancia cuando esta adopta la condición de fraseado o del sentido musical.

El timbre es definido como el correlato primario de la escucha.  Sin hacer de él un ideal nos va a decir que es la escucha misma la que se abre en el timbre; y a su vez el timbre es el que resuena en la escucha.

El ritmo, por otro lado, es propuesto como una figura iniciada y que inicia a su vez un tiempo en el movimiento – y la fluidez – que sacude a los cuerpos.  Ya la superficie corporal, como membrana sensoperceptiva, actúa ante estímulos sonoros en la vida intrauterina.  En ese entonces es donde el ritmo toma como parámetro un golpeteo perseverante, una constante binaria, un compás de dos comprometido en el órgano del amor.

No ahondaremos, en el presente trabajo, sobre los giros que realiza el autor en relación a estos elementos.  Solo nos remitimos a ellos, de una manera muy escueta, tomando algunas acepciones para intentar no dejar por fuera cuestiones de importancia, y que harán a futuras investigaciones.

Jean Luc Nancy, a lo largo de “A la escucha”  juega con las homofonías y coquetea con la música.  Acalla el ruido interpretando los ruidos.  Y armoniza una lectura posible, poniendo melodía a sus letras para que cada quien, a su ritmo y en su tono, recorra su cadencia.

Lic.Walter García

Notas:

[1] Schelling dice que todo arte es una penetración del verbo divino en la finitud del mundo. Y en la música lo viviente adentrado en la muerte – el verbo pronunciado dentro de lo finito – es aun perceptible como sonido.

* Francis Jean Gastón Alfred Ponge. Ensayista y poeta francés que en muchas ocasiones, combinó ambas experiencias -el ensayo y el poema– para unirlas en una sola forma artística

 Cita: “No solo cualquier poema sino cualquier texto – sea cual fuere – comporta (en el sentido pleno de esta palabra), comporta, digo, su dicción. / Por mi parte.  si me examino cuando escribo -, nunca se me da por escribir la mas mínima frase sin que mi escritura este acompañada de una dicción y una escucha mentales y, mas, ni siquiera sin que este precedida por ellas (aunque de muy cerca, sin duda)”

 

Bibliografía

  • Berardozzi J., Música en la estructura, Esto lo estoy tocando mañana, Ediciones Grama, Buenos aires 2011.
  • Frydman P. y otros, Psicoanálisis y música, Esto lo estoy tocando mañana, Ediciones Grama, Buenos aires 2011.
  • Nancy JL., A la escucha, Edición Amorrortu/editores, Buenos Aires 2007.

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